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La bajada de octubre:
qué es la astenia otoñal y cómo puede ayudarte el yoga

¿Llevas días sintiéndote más cansada de lo normal, sin saber muy bien por qué?
No estás sola, y probablemente no es nada que tengas que solucionar a toda prisa. Es octubre, y tu cuerpo lo sabe.

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Lo que muchas personas experimentan en este momento del año tiene nombre: astenia otoñal. No es una enfermedad ni un diagnóstico clínico.
Es una respuesta adaptativa del organismo al cambio de estación —reconocida por profesionales de la salud y ampliamente documentada— que aparece cuando el cuerpo intenta ajustarse a condiciones que cambian de golpe: menos luz, temperaturas más bajas, ritmos nuevos.

¿Qué le pasa exactamente a tu cuerpo?

El mecanismo principal tiene que ver con la luz. Al acortarse los días, la glándula pineal produce más melatonina —la hormona que regula el sueño— en momentos en que antes no lo hacía. El resultado: somnolencia a deshora, dificultad para despertarte, sensación de no haber descansado aunque hayas dormido las horas de siempre.

Al mismo tiempo, la menor exposición solar reduce la síntesis de serotonina, el neurotransmisor vinculado al estado de ánimo y la motivación. No es melancolía, es química. Tu cuerpo está recalibrando su reloj interno, y ese proceso tiene un coste.

A esto se suman los cambios de rutina propios del inicio de curso: horarios nuevos, más responsabilidades, el cierre del paréntesis veraniego. El organismo gestiona todo eso a la vez.

¿Como se siente?

Los síntomas más comunes son:

  • Fatiga que no desaparece con el descanso
  • Somnolencia durante el día o dificultades para dormir bien de noche
  • Apatía, falta de motivación o ganas de hacer menos
  • Irritabilidad o tristeza ligera sin causa aparente
  • Dificultad para concentrarte
  • Cambios en el apetito, especialmente más ganas de dulce o carbohidratos

La mayoría de las personas los nota entre dos y cuatro semanas y luego remite. Si los síntomas se prolongan más de ese tiempo o interfieren de forma significativa en tu vida cotidiana, vale la pena consultarlo con tu médico, ya que en algunos casos puede solaparse con el trastorno afectivo estacional, que sí requiere atención profesional.

Una última cosa

La astenia otoñal también puede ser una señal. Tu cuerpo no está fallando; está pidiendo algo diferente. Menos velocidad, más presencia. Que ajustes el ritmo antes de que te lo imponga él.

En Flow entendemos que hay temporadas en que llegar a la esterilla ya es mucho. Por eso tenemos clases para cada momento: las que te mueven cuando necesitas energía, y las que te sostienen cuando lo que necesitas es parar.

A esto se suman los cambios de rutina propios del inicio de curso: horarios nuevos, más responsabilidades, el cierre del paréntesis veraniego. El organismo gestiona todo eso a la vez.

¿Por qué el yoga puede ayudarte?


Aquí viene la parte que más nos importa contarte, y también la más honesta.

El yoga no cura la astenia otoñal —que tampoco necesita cura, sino tiempo y acompañamiento. Pero sí hay evidencia científica sobre su efecto en los mecanismos que están detrás de cómo te sientes en estas semanas.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024 en la revista Depression and Anxiety (Moosburner et al.) que analizó 33 estudios con personas con sintomatología depresiva encontró efectos moderados del yoga sobre los síntomas de ánimo bajo, y efectos modestos pero significativos sobre la ansiedad. Los mecanismos propuestos incluyen predominio del sistema nervioso parasimpático, aumento de GABA y reducción de marcadores inflamatorios como la IL-6.

Dicho de forma más directa: el yoga activa el sistema nervioso que calma, el mismo que el cambio de estación desregula.

¿Qué tipos de práctica tienen más sentido ahora?

Hatha y Yoga Suave:
 posturas sostenidas que invitan al cuerpo a descansar en el movimiento, sin exigirle más de lo que puede dar en estos días.

Yoga Restaurativo y Yoga Nidra:
activación profunda del sistema nervioso parasimpático. Si estás exhausta, aquí es donde empieza la recuperación.

Vinyasa o Morning Yoga:
si lo que necesitas es sacudir la inercia y generar energía, una práctica fluida y progresiva puede ser justo el empujón que el cuerpo pide.

Posturas de apertura de pecho y backbends suaves:
favorecen una respiración más completa, contrarrestan la postura cerrada que adoptamos cuando tenemos frío o estamos bajos de energía.

El pranayama y la meditación:
no como complemento opcional, sino como parte esencial de la práctica. La respiración consciente influye directamente en la regulación del ritmo circadiano y en la calidad del sueño.

Consulta nuestro horario y encuentra la práctica que necesitas esta semana.

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